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24.8.07


Es posible, sin embargo, y la historia del Commonwealth proporciona ejemplos de ello, que aunque en realidad el sistema jurídico de la colonia sea ahora independiente de la madre patria, el sistema de esta última no reconozca este hecho. Puede ser todavía parte del derecho inglés que el Parlamento de Westminster ha retenido, o puede reconquistar jurídicamente, la potestad de legislar para la colonia; y los tribunales de Inglaterra pueden, si se presenta ante ellos un caso que implique un conflicto entre una ley de Westminster y una de la legislatura local, poner en práctica este modo de ver la cuestión. En este caso las proposiciones del derecho inglés parecen estar en conflicto con los hechos. El derecho de la colonia no es reconocido en los tribunales ingleses como lo que de hecho es: un sistema jurídico independiente, con su regla de reconocimiento última, de carácter local. Como cuestión de hecho habrá dos sistemas jurídicos, mientras que el derecho inglés insistirá en que sólo hay uno. Pero precisamente porque una de las afirmaciones es un enunciado de hecho y la otra una proposición de derecho (inglés), las dos no están lógicamente en conflicto. Para aclarar la situación podemos decir, si así lo preferimos, que el enunciado de hecho es verdadero y que la proposición de derecho es "correcta en el derecho inglés". Al considerar la relación entre el derecho internacional público y el derecho interno hay que tener presente distinciones similares entre la afirmación o negación fáctica de que existen dos sistemas jurídicos independientes, por un lado, y las proposiciones de derecho acerca de la existencia de un sistema jurídico, por otro. Algunas teorías muy extrañas deben su única plausibilidad a que no advierten esta distinción.


Herbert Lionel Adolphus Hart. Harrogate, England, July 8, 1907 - London, England, December 19, 1992.

H.L.A. Hart, The concept of law, 1961. La cita pertenece a la brillante traducción de Genaro Carrió,
El concepto de derecho, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1963; cap. VI "Los fundamentos de un sistema jurídico" pp. 150/51.

14.5.07

Oh, Starbuck! it is a mild, mild wind, and a mild looking sky. On such a day- very much such a sweetness as this- I struck my first whale- a boy-harpooneer of eighteen! Forty- forty- forty years ago!- ago! Forty years of continual whaling! forty years of privation, and peril, and storm-time! forty years on the pitiless sea! for forty years has Ahab forsaken the peaceful land, for forty years to make war on the horrors of the deep! Aye and yes, Starbuck, out of those forty years I have not spent three ashore. When I think of this life I have led; the desolation of solitude it has been; the masoned, walled-town of a Captain's exclusiveness, which admits but small entrance to any sympathy from the green country without- oh, weariness! heaviness! Guinea-coast slavery of solitary command!- when I think of all this; only half-suspected, not so keenly known to me before- and how for forty years I have fed upon dry salted fare- fit emblem of the dry nourishment of my soul!- when the poorest landsman has had fresh fruit to his daily hand, and broken the world's fresh bread to my mouldy crusts- away, whole oceans away, from that young girl-wife I wedded past fifty, and sailed for Cape Horn the next day, leaving but one dent in my marriage pillow- wife? wife?- rather a widow with her husband alive? Aye, I widowed that poor girl when I married her, Starbuck; and then, the madness, the frenzy, the boiling blood and the smoking brow, with which, for a thousand lowerings old Ahab has furiously, foamingly chased his prey- more a demon than a man!- aye, aye! what a forty years' fool- fool- old fool, has old Ahab been! Why this strife of the chase? why weary, and palsy the arm at the oar, and the iron, and the lance? how the richer or better is Ahab now? Behold. Oh, Starbuck! is it not hard, that with this weary load I bear, one poor leg should have been snatched from under me? Here, brush this old hair aside; it blinds me, that I seem to weep. Locks so grey did never grow but from out some ashes! But do I look very old, so very, very old, Starbuck? I feel deadly faint, bowed, and humped, as though I were Adam, staggering beneath the piled centuries since Paradise. God! God! God!- crack my heart!- stave my brain!- mockery! mockery! bitter, biting mockery of grey hairs, have I lived enough joy to wear ye; and seem and feel thus intolerably old? Close! stand close to me, Starbuck; let me look into a human eye; it is better than to gaze into sea or sky; better than to gaze upon God. By the green land; by the bright hearthstone! this is the magic glass, man; I see my wife and my child in thine eye. No, no; stay on board, on board!- lower not when I do; when branded Ahab gives chase to Moby Dick. That hazard shall not be thine. No, no! not with the far away home I see in that eye!*


* Herman Melville,
Moby-Dick, Bantam Books, New York, 1987; ch. 132 "The Symphony" pp. 491/92. Ilustraciones por Patrick Benson.

3.5.07

Lo que sucede es que parece que (recién) ahora estoy en condiciones de construir un relato con sentido de lo hecho y acontecido en estos dos últimos años -por poner un término totalmente caprichoso-, y que ello sería indispensable si quisiera imaginar un relato de lo por hacer y por venir, lo cual hasta el momento me había sido negado.

La historia narrada dice el quién de la acción. La identidad del quién no es ella misma más que una identidad narrativa. Sin el recurso de la narración, el problema de la identidad personal está, en efecto, condenado a una antinomia sin solución: o bien se piensa en un sujeto idéntico a sí mismo en la diversidad de sus estados, o bien se sostiene que este sujeto no es sino una ilusión sustancialista.*

Sí Marta, esto también es un efecto de la narración.

* Paul Ricœur, Tiempo y narración, I. Configuración del tiempo en el relato histórico, Siglo XXI, México, 1995, p. 30.

28.3.07

Vladimir: Alors, on y va?
Estragon: Allons-y.

(Ils ne bougent pas)


Samuel Beckett, En attendant Godot, II Acto, 1948.

23.3.07

La vida hay que vivirla, en eso consiste todo, simplemente. Me lo dijo un teporocho que me encontré el otro día al salir del bar La Mala Senda. La literatura no vale nada.*

* Lisandro Morales, pulquería La Saeta Mexicana, en los alrededores de La Villa, México DF, enero de 1980. Roberto Bolaño, Los detectives salvajes, Anagrama, Barcelona, 1998; p.301. Si lo dice Bolaño...

19.3.07

Yo antes releía; ya no. Hay tantos libros por ahí que me convencí de que hacerlo es superfluo. ¿Para qué voy a releer a Borges -ponéle- si seguro que voy a leer algo que Borges leyó, o algo que leyó alguien a quien Borges leyó, o algo que Borges leería, o algo que leyó alguien a quien Borges leería?

28.2.07

-Si no le gustó, ¿por qué lo leyó, Jillsy? –volvió a preguntarle John Wolf.
-Por la misma razón por la que leo cualquier otra cosa. Para saber qué ocurre –John Wolf la miró fijamente-. En la mayoría de los libros una sabe que no ocurrirá nada. ¡Señó, una lo sabe! En otros libros una sabe qué ocurrirá, de modo que no necesita leerlo. Pero este libro –concluyó Jillsy-, este libro es tan enfermo que una sabe que va a ocurrir algo, pero no puede imaginar qué. Es necesario estar enfermo para imaginar qué ocurre en este libro.
-¿Entonces lo leyó para saber qué ocurre?
-No hay ninguna otra razón para leer un libro, ¿no?

--o--

-¿Usted no volvería a leerlo?
-Bueno… creo que no todo. Al menos no de una sola vez y también en seguida –Jillsy seguía confundida-. Bueno… -dijo tímidamente-, me parece que quiero decir que tiene partes que no me molestaría leer otra vez.
-¿Por qué? –quiso saber John Wolf.
-¡Señó! –dijo Jillsy con tono de hastío, como si finalmente se hubiera impacientado con él-. Parece tan verdadero –canturreó, pronunciando la palabra verdadero como el grito de un somorgujo sobre un lago, por la noche.
-Parece tan verdadero… -repitió John Wolf.
-Señó, ¿usted no sabe que es así? –preguntó Jillsy-. Si usted no sabe cuando un libro es verdadero –volvió a canturrear Jillsy- tendríamos que cambiar de trabajo, realmente –ahora rió, empuñando el sólido enchufe de tres patas de la aspiradora como si fuera un revólver-. Me pregunto, señor Wolf –dijo dulcemente-, si usted sabe cuándo un lavabo está limpio –se asomó a la papelera-. O cuándo una papelera está vacía. Un libro parece verdadero cuando parece verdadero –concluyó impaciente-. Un libro es verdadero cuando usted puede decir: “¡Sí! Así es como se comporta siempre la maldita gente”. Entonces usted sabe que es verdadero.

John Irving, El mundo según Garp, Tusquets, Barcelona, 1996, pp. 381/2.

1.10.06

¿Quién decidió que se debe escribir sólo cuando se tiene algo que decir? El arte consiste precisamente en no escribir lo que se tiene que decir sino algo completamente imprevisto.

Witold Gombrowicz, Diario argentino, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1968; p. 69.

Sólo lamento que haya utilizado la palabra "arte". Cada vez que me topo con ella (y, en menor medida, con "escritor", "músico", "dramaturgo", etc.*) sí, me dan ganas de desenfundar el revólver.

* Antes de que me pregunten, decir "filósofo" no me enoja: me avergüenza. Yo creo que es peor.