Hasta hace un tiempo pensaba que se debía al clima, este año tan diferente que el usual; ahora sé que no es sólo eso. Lo cierto es que desde hace algunos meses me sorprende que de tanto en tanto -de hecho cada vez más seguido- pueda observar a la ciudad como si fuera un extranjero, con la tímida voracidad del turista que con todos sus sentidos la descubre, maravillado, hasta en los menores detalles. Pero ahora sé, decía, que además del clima hay otro motivo, más personal, menos casual; sin embargo aún conservo el pudor suficiente como para no revelarlo.
17.9.07
10.9.07
29.8.07
esto no camina no camina no camina
puto puto puto puto puto y entonces así no se puede seguir fuck fuck fuck fuck fuck y entonces van a presenciar el momento exacto en el que el pibe pega el *volantazo* ahí viene ahí está
*troc*
oia y esto qué es qué es este paisaje
?
17.8.07
Hoy, ocho años después, sigo sin poder creer que todo lo que me queda de vos sea esto.
2.8.07
¿Cómo calificarías una tarde que comienza con un chofer de colectivo tratando de amputarte un brazo a fuerza de frenadas y una señora que intenta hacerte una apendicectomía con un paraguas; sigue con la espera a un yesero1 que luego de dejarte plantado ya dos veces aparece una hora tarde y al ver el trabajo dice "no, yo molduras no hago" cuando por teléfono le explicaste claramente que necesitabas una mol-du-ra; una tarde en la que después, para llegar a la oficina de correo antes de que cierre, te tomás un taxi y apenás subís el conductor primero te suelta un "pero vos tenés un pedo atómico pibe" porque en lugar de decirle que vas a Montes de Oca y Suárez le decís Montes de Oca y Sáenz, y luego le ladra a cada auto y semáforo que ose perturbarlo. Pero al fin llegás, justo a tiempo, a la oficina que inexplicablemente no es la que queda a dos cuadras de tu casa sino una que está a treinta, a la que vas a reclamar un envío2 cuyo aviso te dejaron 48 horas atrás y te dicen que no, que no lo tienen, que no saben dónde, que tal vez el cartero, que si querés llames al centro de atención al cliente para que te informen o tomen la queja; una tarde que continúa en una peluquería que no es la de siempre y en donde sos bienvenido por una enorme e inesperada travesti que te corta el pelo muy bien; una tarde que termina3 cuando llegás a tu casa con ganas de llorar porque te das cuenta de que últimamente la mayoría de tus tardes, de tus días, son más o menos así? ¿Cómo, eh?
1. A quien llamaste porque el albañil que originalmente iba a hacer el trabajo también te dejó plantado. Pero eso ocurrió otra tarde.
2. Que es la segunda vez que te hacen: la primera fue devuelto al remitente porque el cartero nunca se dignó a pasar por tu domicilio. Pero eso ocurrió otra tarde.
3. En realidad ocurren un par de cositas más que no contás para que no crean que estás exagerando.
3.7.07
hasta nuevo aviso

Closed for the duration. Loose talk can cost lives. Artist: Howard Scott, 1942. Issued by the British and American Ambulance Corps. 19.25 x 12.75 in. United States Merchant Marine, American Merchant Marine in World War II Poster Series.
4.6.07
No, la cosa no es exactamente como vos decís. Lo que describís de *ese* modo yo lo llamaría "el deseo de tener* una familia, una buena familia". Y en mis intentos parece que conseguí muchas madres, varios primos y algún par de hermanos, pero ningún padre. Algo debo estar haciendo mal.
* No me refiero al deseo de formar -aunque me gusta más continuar- una familia, que es bien diferente y del que también tendría bastante que decir.
23.5.07
¿Dónde está mi herencia judía? ¿Está tan profundamente enterrada que no aparece sino en ocasiones especiales y, por tanto, la desconozco como tal y la considero otra cosa? ¿O está tan a flor de piel que ni la veo y los demás no se toman la innecesaria molestia de hacérmela notar? ¿O en algún lugar intermedio que desconozco? ¿O acaso carezco de ella?
21.5.07
No vamos a decir que disfrutamos, pero en general tampoco solemos pasarla mal cuando vamos al dentista. Por eso no está bueno que porque aún estés dormida no nos apliques la anestesia en forma óptima. Ni que por haber comenzado media hora tarde te apures y ataques con el torno antes de que haya tomado completamente. Porque nos duele, ¿sabés? Nos duele; la reputísima madre, NOS DUELE MUCHO!!! Y no está para nada bueno que estés tan demasiado buena; tener tus ojos claros en la punta de la nariz, calentarnos con tu flequillo porno*, intoxicarnos con tu mezcla de olores matinales** y sentir sobre el pecho la presión de tu categórico par de tetas.
No, en serio, no la estamos pasando bien.
* Agradecemos a Lola su permiso para utilizar el concepto flequillo porno, que nos obsesiona desde hace meses. Lola, te admiramos exageradamente, sabélo.
** A uno de los cuales nos hemos referido en su oportunidad.
17.5.07
la única verdad es la sensación térmica
¿Cien metros es cerca o lejos? Una cuadra es nada si hablamos de la ubicación del bar que más nos gusta en toda la ciudad. Pero si se trata de la distancia que nos separa de la anhelada boca de nuestra amiga, diez mil centímetros resulta una extensión insoportable. ¿Un año luz es cerca o lejos? También depende. Es imposible entender la enormidad que tal medida supone, pero si nos referimos incluso a la distancia de la estrella más cercana -a excepción del Sol, por supuesto- un año luz es poca cosa.
Cercanía y lejanía -y no la distancia, "objetivamente" cuantificable- son entonces conceptos que se refieren a nosotros: algo está cerca o lejos según nuestro interés por ello. Pero parece haber una diferencia entre los ejemplos del párrafo anterior. En el primero -con ciertas reservas*- cien metros es una distancia fácilmente transitable por cualquier ser humano en cualquier circunstancia, mientras que recorrer un año luz parece escapar a toda posibilidad imaginable.
¿A qué viene esto? Parecerá un tema menor pero aseguro que, bien mirado, no lo es**. Primero una noticia: la sensación térmica no es un invento argentino. Y luego un problema: mediante dicho índice se pretende cuantificar lo incuantificable, objetivizar lo subjetivo, y ya sabemos que el intento está destinado al fracaso. Pero los físicos, y no sólo ellos, están equivocados si piensan que expresar la sensación térmica en grados Celsius es un fraude a la temperatura. De ésta contamos con una medida objetiva, pero sólo la otra es útil, por analogía, para nosotros. ¿Cómo podríamos de otro modo calcular variables tales como la temperatura, presión, humedad, diferencia de la velocidad del aire entre los 1,50 m. y nuestra propia altura, la forma de nuestra cara, la longitud de nuestra nariz, etc., cuando lo que nos interesa determinar es el índice de indumento, es decir qué carajo nos vamos a tirar encima hoy?
* No es lo mismo recorrer cien metros por los bosques de Palermo que escalando el K2.
** Si bien no me ocuparé de señalar sus conexiones con múltiples cuestiones de hondo contenido humano.
9.5.07
Al igual que cualquiera tengo mis blogs predilectos, y aunque no los enumere expresamente todos saben cuáles son. Sin embargo, contra mi costumbre y porque pintó, hoy quisiera destacar y recomendar dos de ellos, bastante diferentes pero muy buenos ambos: ¿Qué estás buscando? y Lorem Ipsum.
Listo, era eso nomás.
7.5.07
Yo me pregunto qué me habrá estado o seguirá afectando más: mi viejo vivo, mi viejo desaparecido o mi viejo muerto.
3.5.07
Lo que sucede es que parece que (recién) ahora estoy en condiciones de construir un relato con sentido de lo hecho y acontecido en estos dos últimos años -por poner un término totalmente caprichoso-, y que ello sería indispensable si quisiera imaginar un relato de lo por hacer y por venir, lo cual hasta el momento me había sido negado.
La historia narrada dice el quién de la acción. La identidad del quién no es ella misma más que una identidad narrativa. Sin el recurso de la narración, el problema de la identidad personal está, en efecto, condenado a una antinomia sin solución: o bien se piensa en un sujeto idéntico a sí mismo en la diversidad de sus estados, o bien se sostiene que este sujeto no es sino una ilusión sustancialista.*
Sí Marta, esto también es un efecto de la narración.
* Paul Ricœur, Tiempo y narración, I. Configuración del tiempo en el relato histórico, Siglo XXI, México, 1995, p. 30.
30.4.07
Lo que sucede es que parece que (recién) ahora estoy en condiciones de decir que desde hace tiempo vengo dándome cuenta de que además de cabeza tengo un cuerpo, y que no sólo no hay antagonismo necesario entre ellos sino que, por el contrario, pueden funcionar juntos bastante bien y colaborar en forma interesante y fructífera. Louis, I think this is the beginning of a beautiful friendship.
Sí, me llevó tiempo darme cuenta de eso. Pero bueno, nunca me vanaglorié por la rapidez.
9.4.07
No conocí a mis abuelos. Los padres de mi padre murieron antes de que yo naciera, o tal vez después; como fuera, el dato es irrelevante pues no había relaciones entre ellos desde mucho tiempo atrás. De los padres de mi madre apenas guardo recuerdos amarillentos como las viejas Polaroid en las que aparecen. Cuando murieron yo sólo era un niño que consentían de tanto en tanto, a la distancia.
Los padres de mi padre vinieron del noreste de Europa, de un lugar que las volubles fronteras sucesivas fueron ubicando en Alemania, Lituania, Polonia. Judíos empujados al mar por el hambre, la guerra o ambas cosas, detuvieron su impulso en este puerto húmedo de América del Sur, donde nació mi padre. El trato con estas tierras por parte de los padres de mi madre tiene apenas más historia. Inmigrantes del sudoeste de Europa, empujados por el hambre, la guerra y otros inmigrantes, detuvieron su impulso en el extremo de la Mesopotamia, en un lugar que las volubles fronteras sucesivas fueron ubicando en Paraguay, Brasil, Argentina. Allí, en otro húmedo puerto litoral, nació mi madre.
El azar o algo así hizo que se encontraran. Yo nací en este puerto de Buenos Aires y, consecuentemente, de inmediato comenzaron, comencé, a moverme. Todavía no me detuve y no parece que vaya a hacerlo en el futuro tal como puedo avistarlo. Ahora veo que en realidad el movimiento comenzó mucho antes, en lugares desconocidos del viejo mundo.
Parece que en algún momento toda persona necesita saber de dónde viene, cuál es su lugar, y que eso en algún modo y medida determina quién es. Pero ¿de dónde vengo yo? ¿cuál es mi lugar? Mi sangre siempre estuvo en movimiento, ¿quién soy entonces? Hace tiempo pensaba que sería yo quien concluiría el viaje que comenzaron mis abuelos, que el lugar al que querían llegar sería el que yo finalmente decidiera, que allí echaría las raíces que ellos no pudieron. Ahora no sé. Sigo en movimiento, no sé de dónde vengo, no sé dónde voy, no sé quién soy, y tal vez -medicina amarga para mi ambiciosa pretensión- nunca logre saberlo. Quizás no sea a mí a quien le estaba reservado.
30.3.07
22.3.07
21.3.07
20.3.07
12.3.07
Entonces, yo, que siempre había vivido dentro del puesto de observación móvil que daba en llamar "yo", como decía Saer, o como Koji Kabuto al comando de Mazinger Z, y, por lo tanto, impedido de establecer comunicación con el exterior, porque es difícil establecer comunicación con el exterior cuando hay que prestar toda la atención al manejo de la maquinaria, evitar que choque contra lo que se ponga delante y se desmorone ante la menor distracción; yo, entonces, decía, que siempre había estado dentro de la armadura, por así decir, por amontonamiento de azares, o por inexorable causalidad, no lo sé, y a esta altura no tiene importancia averiguarlo, creí salir de donde creí que estaba, y miré la máquina desde fuera, la obligué a hacer cosas diferentes, y acampé a la intemperie, vivaqueando, como suele decirse, suponiendo que entonces sí podría establecer comunicación con el exterior, pero advertí instantáneamente que, como decía el viejo Leibniz, no hay interior o exterior sino mónadas sin ventanas, y así me encontré de nuevo solo pero fuera del puesto de observación móvil que daba en llamar "yo", como decía Saer, al raso, mirando la carcaza vacía, el parapeto que no parapeta, el corral que no acorrala, o, como decía mi hermano, el huevo sin yema, que vendría a ser el que soy o era yo, preguntando ¿dónde estoy?, o, mejor dicho, escuchando las preguntas que resuenan en el vacío, ¿dónde está? ¿quién hay? y las respuestas, como ecos igualmente impersonales, ubicuos, no está, no hay.
